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viernes, 2 de diciembre de 2011

Apuntes y disquisiciones acerca de la preeminencia actual del género “tag” al interior de los graffitis, en Buenos Aires

(Colaboración de Claudia López Barros)

Estas palabras surgen luego de relevar parte de las paredes de la ciudad de Buenos Aires (microcentro y los barrios de Caballito, Congreso, Montserrat, Villa Pueyrredón, Almagro y Palermo) en el corriente año y observar una elevada presencia de tags en desmedro de graffitis de imágenes o mixtos (imágenes con leyendas y tag), en el último año, en esos mismos espacios[1].

Consideramos al graffiti como una práctica discursiva urbana que alberga distintos géneros, como por ejemplo el de los tags (las firmas de los graffiteros), el que es atravesado por diferentes estilos[2]. En el “tag” o firma podemos encontrar el privilegio de la escritura, la expresión de la letra.
Extensas páginas se han referido al predominio de la imagen sobre la palabra, en cambio, en el tag la palabra, las letras en sí mismas, son las protagonistas (si bien es cierto que en muchos tags podemos encontrar elementos icónicos).
Atendiendo a los múltiples estilos caligráficos que pueden observarse en los distintos muros, vagones de trenes, subtes u otros vehículos, en líneas generales se juega con las letras produciendo muchas veces un efecto de distorsión de los trazos que dificulta su interpretación, se produce además un efecto estético que colabora en la construcción de las características de cada uno de los diversos estilos de “tags”.

Para la ejemplificación de los diferentes grados de legibilidad aparecen distintos estilos de firmas que se configuran a partir de la identificación de los rasgos formales de las letras, puestas en juego en esa escritura. En algunos casos no se reconoce la palabra o las letras pero sí las formas que estas presentan y que se repiten en distintos tags.
En Book of Tags[3], distintos autores debaten acerca de si el tagging, es decir hacer tags o firmas, es o no “un fenómeno que esta en la fina línea entre el arte y el vandalismo”[4], allí se menciona que:
“Lo que empezo en los ’70s para los jóvenes como una forma de marcar su territorio en New York y en los subtes ha crecido en un movimiento mundial".
Una de las preguntas que hoy nos surge es: ¿continúan siendo hoy los tags una marcación de territorio?, ¿qué alcances o sentidos despliega esta “marcación”?
Tendemos a creer que la función inicial e indicial que se le ha adjudicado a los tags ha cambiado. Si bien encontramos ciertos tags que demarcan ciertas zonas geográficas o barrios, existe una convivencia de distintos tags que “marcan” el mismo territorio de manera simultánea.
¿Qué ocurre con los distintos soportes en los que se asientan estas firmas?, ya que pueden ser fijos como el uso de las paredes, los muros o bien pueden ser móviles/fijos cuando se trata de los tags que se asientan en los trenes, subterráneos, pero también camiones, ómnibus que están en movimiento y luego se encuentran estacionados.
Estos recorridos de todos modos podrían establecer un trayecto “fijo” que marca un territorio (en el caso de los trenes, subtes, ómnibus, siendo más lábil en camiones).
Una de las razones posibles considerando la proliferación, es decir el criterio de cantidad y que ha sido explicitado en distintos estudios sobre los graffitis[5], en relación con los tags, es el hecho de ser una práctica que involucra un tiempo muy corto de ejecución. Realizar un tag, principalmente atendiendo a un estilo que sólo implique el trazado de las letras[6] (legibles o no, con íconos o no como es el caso de las coronas, los corazones, las flechas) que no son rellenas (estilo de letras “de pompa”) o con rebordes es muy rápido y con un bajo uso y costo de materiales.
Entonces este tipo de firmas o tags se constituyen en un modo muy rápido en el que un escritor (que plasma su firma) se da a conocer, inscribe de manera pública su “sello” en las calles con el simple uso de un marcador o un aerosol.
La firma en tanto signo, atendiendo a las categorías señaladas por Peirce, es un símbolo, que puede contener elementos icónicos. Dejamos de lado los análisis de la grafología que estudian los distintos elementos ¿psicológicos? o de carácter que pueden ser interpretados en el análisis de las formas de cada trazo de la firma.
Nos detenemos en esta multiplicidad de firmas que exhiben calles y vehículos metropolitanos, nos interesa pensar y preguntarnos por ese afán y esa insistencia en plasmar la firma.
Más que a una “marcación” de territorio, que inevitablemente ocurre, aventuramos que se trata de una necesidad expresiva del yo que desea manifestarse públicamente, tal como el adolescente no cesa de escribir y dibujar su nombre en la hoja de carpeta mientras el sonido de la voz del profesor queda como una suerte de música funcional.
Despegamos del concepto de “marcación” tal como es entendido habitualmente porque está asociado a la identificación de “pandillas” o tribus urbanas que “marcan” el espacio de acción y que es interpretado como un accionar mafioso.
Nos centramos en esas superficies en las que se observa una proliferación de tags que conviven y que no necesariamente “marcan” de ese modo el territorio, esa zona, ese barrio, ese recorrido.
Hablábamos de la firma como símbolo que es una exhibición de la identidad del escritor, del firmante, pero que es un mostrarse de manera opaca, esa identidad queda “cubierta” bajo el estilo de esas formas convencionales[7] que adopta.
Cuando uno firma, en general, está rubricando algo con lo que se compromete, o bien asintiendo que eso que ha escrito es de su autoría, o que se hace cargo de un pago, etc. Cuando se firman las paredes, ¿con qué se compromete el escritor?, ¿con la estetización de esa superficie urbana?, ¿con el señalamiento de su individualidad ciudadana?, ¿con la exposición de una transgresión?
Sospechamos que una faceta lúdica está presente en esta práctica para el autor, y ese juego se transforma en competencia en aquellos espacios en los que se multiplican los firmantes.
En esa disputa de territorios observamos al menos dos mecanismos que juegan a un cierto destaque: uno es el uso de la hipérbole, los tags de letras redondeadas de gran tamaño, pintadas de colores (pero estas llevan más tiempo de ejecución); otro es el de los estilos de tags que tienden a la ilegibilidad extrema, por lo que proponen un juego de desciframiento al lector-transeúnte.
Finalmente, si los tags suelen plasmarse en los muros (aunque no solo en ellos), entonces, ¿es posible salir a firmar los muros de facebook?
OK, entonces, me voy “de tagging”.


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[1] Este relevamiento ha sido realizado por R2003 – Graffitis (http://www.r2003.com.ar/).
[2] Para la noción de género discursivo puede consultarse Bajtín, M. (1979) (1982): El Problema de los Géneros discursivos, en Estética de la creación verbal, México: Ed. Siglo XXI, pp 248-293. En relación no sólo con el concepto de género sino también con el de los estilos marcando sus diferencias puede ampliarse en Oscar Steimberg (1993) Semiótica de los medios masivos, Buenos Aires, Atuel,pp: 45-84.
[3] El libro Book of Tags recopila el trabajo de 300 artistas de Graffiti de 20 países y explora esta forma de arte urbana a través de 5 ensayos escritos por diseñadores, calígrafos, arquitectos y artistas de Suiza hasta San Francisco. A un lado de los fotógrafos de todo el mundo, el Book of Tags incluye paginas completas con ejemplos de diferentes tags con la explicación de los estilos caligráficos que abarca. Editorial Kitchen 93.
[4] No es nuestro interés aquí debatir sobre la calificación de “vandalismo” en contraposición a la de experiencia artística, este tipo de intervenciones estéticas corren siempre ese riesgo de quedar atrapadas desde una crítica moral en esa falsa dicotomía arte-vandalismo, tal como el arte conceptual desde la crítica periodística o incluso parte de la académica era fijado en otro falso binomio como el de “arte-locura”. Leemos los tags como expresiones que son parte de un arte callejero.
[5] Sobre los graffitis y sus características puede consultarse a autores como Lelia Gándara y Armando Silva, especialistas en este tema.
[6] Hablamos por ejemplo del estilo Broadway Elegant. Para un detalle de distintos estilos de tags puede consultarse; http://www.valladolidwebmusical.org/graffiti/historia/09morfologia.html.
[7] Utilizamos “convencionales” en el sentido asignado al nivel de lo simbólico, específicamente a las letras de esa firma que se ajustan a una convención, ellas pueden encuadrarse en un estilo o pueden proponer quiebres respecto a los estilos existentes.

sábado, 7 de febrero de 2009

Subtes: Linea A (Puán) y Línea B (Pasteur)

Bueno, acá les dejamos unas imágenes más de algunos vagones de los subterráneos de Buenos Aires "finamente" decorados.

Primero un par de vagones de una formación de la línea B, detenido y luego en la partida.


Ahora, un vagón de la línea A ("la más antigua de Sudamérica", según su propio autobombo) en el momento de salida de la estación Puán (recientemente inaugurada).



La mencionada estación Puán tiene en su lado oeste un mural muy impresionante (parte del mismo puede verse en las dos fotografías inmediatamente superiores y totalmente aquí debajo). Impresionante en dos sentidos, primero por el tamaño y luego por el hecho de estar pintado por graffiteros en un medio de transporte que es "víctima de estos vándalos".


Aquí, tanto Metrovías (la empresa concesionaria del subterráneo) como nuestro amigo FFF, nos ponen otra vez en un dilema. Dijimos "mural" para referirnos a esta obra, a pesar que FFF es un graffitero (van un par de graffitis de la zona de Parque Centenario).

Entonces, ¿por qué el dilema?
Desde nuestra definición de graffiti, ¿por qué FFF hace en la estación Puán un "mural" y en la calle Ramos Mejía un "graffiti?
El 23 de mayo decíamos "Se llama graffiti a varias formas de inscripción o pintura, generalmente sobre propiedades, públicas o privadas, pero siempre ajenas, que pueden ser paredes, vehículos, monumentos, puertas, rocas, calles o cualquier otra superficie que se “preste”El énfasis puesto en lo "ajeno" de la superficie en que se realiza el graffiti no es casual, pues así lo separa claramente del "mundo del museo", así un "graffiti" hecho para ser exhibido en una muestra no sería un graffiti en el sentido aquí utilizado. El hecho de la superficie "ajena" pone el acento también en la idea de prohibición o, al menos, de lo no permitido, el centro está en la apropiación del espacio (en general urbano), emparentándolo con una serie mayor de intervenciones artísticas".
Acá está el centro de la cuestión, que un graffitero haga un mural, como en este caso, no convierte al mural en un graffiti (de la misma forma que si un relojero hace ese mural eso no convierte a este en un reloj) .
Así, siguiendo al colombiano Armando Silva Tellez ("La ciudad como comunicación", Diálogos de la Comunicación Edición N.23), el graffiti debe estar acompañado de 7 (siete) valencias:
Valencias Pre operativas:
1) Marginalidad: "la condición del mensaje de no caber en los circuitos oficiales";
2) Anonimato: "necesaria reserva de autoría, por lo cual quien hace el graffiti actúa real o simbólicamente enmascarado";
3) Espontaneidad: "su escritura estará marcada por tal espontaneismo".
Valencias Operativas:
4) Escenecidad: "todas las estrategias para lograr impacto";
5) Velocidad: "mínimo tiempo de elaboración del texto, por razones de seguridad";
6) Precariedad: "bajo costo de los materiales empleados".
Valencias Pos operativas:
7) Fugacidad: "corta vida del grafitti".

Es así que de no cumplirse con estas valencias (todas), cualquier expresión plastica no sería jamás un graffiti. Entonces las pintadas de FFF próximas a Parque Centenario serían graffiti avant la letre, en cambio los de la estación Puán, un mural (no cumple con las condiciones 1, 2, 3, 5, 6 y, tampoco, la 7, es decir sólo la 4, escenicidad).

De todas formas, esto sigue siendo tema de discusión y esperamos contribuir a ello.

jueves, 23 de octubre de 2008

Reflexiones sobre la teoría

E.H. Gombrich (1909-2001) en su libro 'Los usos de las imágenes' dice, en una acertada frase, 'El garabato, al igual que los graffiti, es fruto de la oportunidad. Los dos tienen mucho en común,' [...] para, seguidamente, desbarrancar su prolijo análisis por el lado moral, pues continúa [...] 'pero podríamos describir al garabato como el hermano inocente de los graffiti. Mientras que el vándalo (!) está tentado por desfigurar (!) un muro blanco con un pintarrajo (!) o un mensaje grosero (!) básicamente para ejercer su poder y desembarazarse de su agresividad (!), el ganabateador normalmente desea mantener su privacidad'. Luego sigue en una elegía del garabato y el garabateador, de la cual, mutantis mutandis, podríamos sacar una casi poética descripción del graffiti y el graffitero: 'Es la tentación que representa la hoja de papel (el muro) en blanco [...] lo que nos induce a animar las horas de aburrimiento o a relajar tensiones permitiendo que nuestra pluma (aerosol) despliegue su propio juego sobre este territorio de libertad. La herramienta en nuestras manos pide ser utilizada y demostrarnos su poder creativo; en igual medida hoy en día que hace muchos siglos."

Esto es una muestra de las tensiones en las que, hasta un autor de la envergadura indiscutida de Gombrich, se cae cuando se analiza el grafitti aún hoy. Si bien no todos los autores comparten la posición de Gombrich es un ejemplo claro de una de las posiciones sobre el mismo.

Ahora, para seguir con las imágenes, les dejo unos pintarrajos hechos por vándalos en la ciudad de Junín, Provincia de Buenos Aires.

lunes, 13 de octubre de 2008

Borrador 1 de historia nacional

El graffiti, como (casi) en cualquier otro país, tiene una larga historia en la Argentina. Desde las consignas políticas, pasando por las declaraciones de amor, las pintadas han abundado en la historia Argentina. Pero para ser un poco más estrictos, podríamos decir que el graffiti, como parte de los movimientos de intervenciones urbanas, comenzó a principios de los años 80.

Los primeros grupos de graffiteros, aunque tal vez no se denominaran así, porque solían denominar a sus graffitis "pintadas", se iniciaron por el año 82/83, parodiando las consignas de los partidos políticos, y esto en plena efervescencia democrática.

Algunos de los más recordados:
  • de los firmados por Los Vergara: “Albert sabe el secreto, Batman es Bruno Diaz”; “Tiemblen fachos, Maradona es zurdo”, “No a la donacion de órganos" (Yamaha)”, entre muchos otros.
  • Con un humor más ácido, Bolo Alimenticio: “La Semana Santa es una huelga escleciástica”, “Los curas enferman”, “Morirse no es nada, lo triste es vivir en al Argentina” y

(El único documento de aquella época que conservo)
  • Fife & Autogestión: "Cuando el Estado se prepara para matar se hace llamar Patria", “Basta de pornografía: ¡vistan a Cristo, que está en pelotas!”.
Estos fueron los inicios, pintadas sin ningún adorno ni esfuerzos tipográficos, pero con fuerte contenido crítico, centralmente al "consignismo" de los partidos políticos de la época.

Aún hoy se encuentran grupos que realizan "pintadas" similares a las de aquellos. Como ejemplos valen este estencil, con mucho gráfico:


Este otro, puro texto:


y, este otro, más combinado:




lunes, 22 de septiembre de 2008

Más historia (internacional, bah!, de EEUU)

En Nueva York, los graffiteros hicieron propios las cocheras y galpones en los cuales se guardaban los vagones de subterráneos y trenes. Los exteriores de los trenes serían bombardeados de la noche a la mañana.
Para esta época aparece la que es considerada la primer gran “banda” de graffiteros: “The Ex Vandals”, creado en Brooklyn con el objetivo exclusivo de difundir el nombre de la noche a la mañana. Grafiteros legendarios representaban al grupo de la forma más agresiva poniendo en cualquier lugar su firma y luego la del grupo. Eran los más famosos y desde sus respectivos barrios iban a los barrios vecinos por “turismo”, ir a pintar otros barrios; ponían su firma en los lugares más altos, raros o inaccesibles. Hacia 1971 ingresaron las primeras mujeres en entrar en las filas del graffiti. Ellas graffitearon en todas partes de la ciudad tanto o más como algunos graffiteros principales del momento.

Estilos
Hacia 1972 comenzaron a aparecer las nubes alrededor de la firma (la leyenda dioce que fue SuperKool 223 quien tomó este diseño de la burbuja de los bocadillos de los cómics). Este fue el inicio de la evolución posterior de los “tags”, con sus cada vez más complejos y variados estilos (tales como Elegante Brodway, Philadelphia, Bubble Letters o softies, etc. etc.).
De estos estilos se crearon muchísimas variaciones abriendo el camino a otros graffiteros que continuaron desarrollándolos. Esto dio comienzo a las primeras guerras de estilos. En el año 1973 aparecen las primeras piezas diseñadas en 3D (aparentemente la primera es pintada por Pistol 1).
Para esta estos años en algunos círculos, el graffiti empieza a ser considerado como una manifestación artística (los más importantes en esta movida fueron Hugo Martínez, el fundador de United Graffiti Artists-, Coco 144, Phase 2, Stay High 149, Stitch 1, Snake 1, Riff 170, Jec Star, Bama, SJK 171, C.A.T. 87 y otros).
A pesar de estos intentos, la MTA (Metropolitan Transit Authority) de Nueva York comenzó su encarnizada lucha contra el graffiti. Se comenzaron a tomar medidas contra ellos, instalar nuevas vallas en las cocheras, recubrir los vagones con pintura resistente, aumentar la vigilancia, etc. Esto empezó a hacer decaer el graffiti. Algunos buscaron formas para seguir adelante en esta particular lucha. A esta particular batalla contra la MTA se sumó la aparición del crack que contribuyó también al declive del writing. El crack que se adueña de la Gran Manzana y trajo consigo todo lo que rodea al mercado negro de la droga: violencia y dinero. Así las armas de fuego empezaron a ser algo al alcance de cualquiera, esto cambió la mentalidad y el espíritu de muchos. Se empezaron a promulgar leyes restringiendo la venta de pintura a los jóvenes y se endurecieron las penas contra los graffiteros. Además, la “mass media” y, obviamente, los medios de comunicación empezaron a volverse contra ellos. Surgieron brigadas e incluso asociaciones de vecinos antigraffiti. Todo esto hizo a los grafiteros mucho más territoriales y agresivos.
Luego de un tiempo volvió a resurgir el writing, entre otras cosas impulsado de forma inconsciente por la propia MTA. Esta empezó a retirar vagones averiados a cocheras para chatarra en Brooklyn, lo que hizo que los apasionados del metro volvieran a la carga.

Tag y esténcil en Nueva York
Aunque existen precedentes, a partir de finales de los años ochenta y en especial en los años noventa se fueron adoptando nuevas técnicas como la aplicación de aerosol con plantillas, y el pegado de carteles y pegatinas. Así parte del trabajo artístico se hacía en casa o en el taller. Luego, en la calle, el trabajo se hacía más rápido, reduciendo el tiempo que el artista está expuesto a ser detectado.
Ejemplos contemporáneos:

Como intervenciones urbanas, emparentadas con esta última clasificación, podríamos incluir a una práctica de "borde", casi fuera de los "graffitis". Por un lado, porque, además de ser muy poco usada, utiliza elementos técnicos no "típicos" del graffiti. Pero por otro, varios grupos de graffiteros han realizado alguna vez esta práctica. Nos referimos a los:
Afiches, basados en el uso de afiches como medio rápido de reproducir masivamente alguno de los tipos de graffitis anteriores.
Este método es más bien escaso entre los graffiteros. Recuerdo pocos usos no institucionales de esta técnica, el siluetazo de los organismos de derechos humanos y, el más pequeño y menos famoso, uso de esta técnica por el bolo alimenticio en las proximidades de Plaza Houssey durante una de las visitas del Papa Juan Pablo II a la Argentina “Karol, ite domus”
Por otro lado, los graffitis tradicionales, los vinculados a la cultura hip hop, han seguido evolucionando, a veces influidos por el post-graffiti/arte callejero, a veces con total independencia.

sábado, 6 de septiembre de 2008

"Todavía hoy..." o las ambigüedades del mundo + unas fotos más

Así como hace unos días informábamos sobre un evento en el museo "Palais de Glace", en Buenos Aires, en el que el "circuito del arte" convocaba a los graffiteros a "exponer" sus obras, aún quedan muchos ejemplos en los que el graffiti es condenado. Mostrando como, si bien los graffitis y los graffiteros pueden ingresar a los museos, esta incorporación al mundo del arte suele ser conflictiva y, muchas veces, literalmente penada por la ley y las autoridades locales. una noticia de México que muestra a las claras esta faceta transgresora y hasta peligrosa del graffiti.

Desde México (TorreLeon): http://www.milenio.com/node/63842.

Y otra de España que intenta una reflexión sobre la conflictividad del graffiti, con una mirada particular sobre el tema:
Desde España (Burgos): http://www.diariodeburgos.es/noticia.cfm/Local/20080816/graffiti/luces/sombras/C7D1384A-1A64-968D-59CC3F49C7B63DEB.

+ Fotos:
Salta la linda:
Por otra parte, siguen llegando algunas fotos, ahora con un graffiti, con una fuerte influencia de lo que fueron los graffitis de la década del 80, desde la ciudad de Salta:
Snipers:
Y dejamos otros dos que ilustran el sniper, aunque con una utilización especial de la señalización o los carteles como base para el graffiti. Los dos primeros (los dos lados del mismo cartel) con fuerte contenido crítico y político, usando el estencil para la modificación del sentido:


El tercero, con sentido irónico, usando el pegado de un pequeño cartel sobre el original:



jueves, 28 de agosto de 2008

Los setentas

Primera Epoca Moderna (primera mitad de los 70's)
Cabe recordar que casi todas las periodizaciones de la historia del graffiti está fuertemente relacionada con lo que ocurre en las principales ciudades de los EEUU y, algunas pocas veces, en las de Europa.
En esta línea podemos denominar, Primera Época Moderna o Era Fundacional (depende de la fuente es denominado de una u otra forma) al período transcurrido entre fines de los 60 y la primera mitad de los 70. Es en esta época en la que los graffitis consolidan algunos de sus principales estilos y técnicas, además de adquirir una gran popularidad.

Mayo del ´68 y sus ecos
Obviamente no son los primeros en la historia, pero si podríamos decir que son los primeros de un estilo y, además, los más famosos: los graffitis de la revuelta de mayo del 68 en París.
  • L'imagination au pouvoir (la imaginación al poder),
  • Sous les pavés il y a la plage (debajo de los adoquines está la playa),
  • Il est interdit d'interdire (Prohibido prohibir), o
  • Je suis marxiste tendance Groucho (Soy un marxista de la tendencia de Groucho).
Este estilo crítico-irónico tuve fuerte impacto, desarrollándose todo un estilo de graffitis en los cuales predomina fuertemente el ingenio de la consigna, sin demasiado interés en la cuestión ornamental.
Un claro ejemplo de esto es este graffiti y una foto que, me parece, expresa el estilo de epoca:


Sobre esta época y sus grafittis se ha escrito mucho, por lo que es poco lo que podríamos agregar acá. Baste sólo decir que este estilo y parte de su contenido (sobre todo el humor y la ironía) tuvieron una importante influencia en los grafittis en la Argentina de los ochentas.


Tagging de Nueva York
Un tag o firma es "simplemente" eso, una firma o un acrónimo, que identifica a una persona o grupo de personas (en este último caso generalmente tribus urbanas). La idea de poner entre paréntesis el "simplemente" se debe a que, muchas veces, los tags contiene elaboradas tipografías (de hecho existen juegos de tipografías basadas y diseñadas en base a los tags).
Es así que un tag es mucho más que una simple firma; es una manera de expresar un estilo mediante un apodo o alias, tambien es una forma rapida y poco peligrosa de expresar un estilo propio al momento de graffitear, sobre todo cuando esto es ilegal o peligros. Es así como se identifica rápidamente un graffitero. Hacia 1971, el tagging se hace popular y comienza a entrar en los vagones del subterraneo de la ciudad de Nueva York, las primeras firmas aparecieron sobre el exterior. El estilo comenzó a desarrollarse con Lee 163 , que fue el primer grafitero que unió sus letras para así convertir su firma en un logo. Otros grafiteros tomaron ese estilo, tales como: Scooter, Stay High 149, Cool Cliff 120, Tracy 168, Bug 170, Spin, y Phase 2. Los días de simplemente pintar sus nombres habían terminado.

Ejemplos de seguidores de esta primera época en el Buenos Aires de hoy:
Los primeros en Plaza de Mayo




Estos en Primera Junta:



sábado, 2 de agosto de 2008

Enamorados del muro / Enamorados del museo

Otra vez, los museos nos ponen en una encrucijada. El Palais de Glace (http://www.palaisdeglace.org/) acaba de inaugura una muestra, "Ficus Repens", sobre graffitis (desde ya, recomendable para quien le guste el tema). Entonces, la reflexión que surge es si nuestra definición de graffiti sigue siendo válida.
Podemos pensar que los "graffitis" hechos dentro del museo, para la muestra, no se corresponden con la definición estricta de graffiti.


Ahora los realizados, inclusive por los mismos graffiteros, en las paredes exteriores del Palais, sí.



Y esto nos envuelve, por supuesto, en la interminable discusión de los alternativo y los circuitos oficiales de las distintas expresiones artísticas. Creo que es posible pensar que existe una diferencia entre una y otra manifestación y que no tiene que ver con las personas, el estilo o los instrumentos materiales con los que son realizadas las pintadas. Si no que la distinción va más allá, va dirigida a la diferencia entre la figura del graffitero como artista y la del graffitero como manifestación de un movimiento urbano. Creo que la distinción no es técnica ni estética y mucho menos moral, si no, y esto puede ser una deformación profesional, es sociológica.
En síntesis, más allá de que entren a los museos o no, el graffiti conservará su identidad como expresión de un grupo o movimiento social y no como expresión de uno o varios artistas.

PS: Igual el museo no pudo evitar tener que poner este cartelito: